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Una soledad en equipo

¡Estamos en el Grupo C de la #CopaAmérica2015! Nos hacen compañía Brasil, Colombia y Perú. Tenemos la troja bastante alta pero cualquier grupo sería considerado difícil, la CONMEBOL tiene mucho fútbol de categoría. Hay que confiar en el trabajo del "Chita" Sanvicente y nuestra Vinotinto.

¡Campeones en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014 en Natación! Con 16 medallas de oro, 5 de plata y 9 de bronce, desde las aguas abiertas a la piscina, pruebas cortas y fondo, estuvimos en casi todos los podios de la competición ¡Orgullo Nacional! 

Bueno, después de las habituales noticias deportivas vamos con el post de hoy. Tiene vibra motivacional acompañada de las historias Orinoco-Caroní de 2 de mis compañeros de equipo (más adelante se harán las debidas presentaciones), gracias por su colaboración, interés y apoyo de este nuevo proyecto que tiene firma #Tritones. Nos fuimos...

El nadador tiene una personalidad especial, quizás producto de pasar la mayor parte de nuestro tiempo en el agua, elemento que por orden natural no es el nuestro y aún así cuestionamos que no hayamos nacido para ella. En el agua cada uno de nosotros se encuentra un tanto aislado, cada quien con sus pensamientos, emociones y presiones propias y el hecho de recorrer kilómetros y kilómetros ya sea de aquí y de allá dentro de una piscina, en un río, mar o cualquier extensión natural de agua, eso, nos hace altamente perseverantes. Como lo he dicho en las entradas anteriores, siempre miramos hacia al frente, no es lo lejos que estamos de la orilla, es lo poco que queda para llegar a la otra. También, somos amigos del dolor en especial de ese que te hace bajar el ritmo y dispara las pulsaciones.

Yo digo que la natación es como una soledad en equipo, donde no son suficientes dos brazos y un par de piernas, detrás de cualquiera de nosotros hay un grupo de gente que motiva, reta, te toca los pies cuando flojeas y te hace entender que mientras más turbulentas sean las aguas, la determinación tiene que ser mayor superando las barreras que tú mismo te has puesto. Ese grupo de personas es tu equipo, con quien celebras victorias, compartes carril, peleas por las mejores tablas, negocias series con el entrenador, te quejas y pierdes el pudor cuando te cambias, y al igual que tu, mientras nadan están solos pero con la convicción de que te esperan con Gatorade en mano al llegar a la meta.

Los Tritones no somos súper hombres y súper mujeres, somos mortales con actitud de vencedores. Nos atrevimos a salir de nuestra zona de confort, exigiéndonos a nosotros mismos en cada brazada, respirando, llenando nuestros pulmones al máximo, dando la siguiente brazada apoyando el brazo firme en el agua y jalando, moviendo las piernas. Pateando con determinación, utilizando la fuerza que hemos acumulado durante los entrenamientos y sin olvidar que la mente y el corazón van adelante, el cuerpo les seguirá ¿clave, secreto? Amar lo que haces. 

Ahora los dejo con las voces de mis compañeros...

¡Hola, hola! Primero que todo, me presento, soy Yacira, una integrante de la familia Tritones, donde algunos me llaman Yaz, Yaci, Yacirita o… Veneno, sobrenombre que vino porque al igual que el Veneno, vengo en frasco pequeño; si bien, con 21 años, no soy la menor… soy la más chiquita del grupo con mi adorable 1.52.

Andrea se ha encargado estos días de relatarles sobre nuestras experiencias en el agua y es curioso, porque a pesar de que estamos siempre juntos y compartimos emociones, cada competencia se siente de manera especial para cada uno. Entrenamos en grupo, pero a la hora de la verdad somos cada uno de nosotros solitos contra las olas y los cambios de corriente.

Contribuyendo con el post de Andrea, hablaré un poco sobre mi experiencia en el XXIV Paso a Nado de los Ríos Orinoco-Caroní. A ver, a ver, 3100 largos metros de agua dulce muy interesantes que no creí que terminaría atravesando alguna vez.

El día del evento me desperté a las 3:00 a.m. sin sueño, ansiosa, leí un mensaje de apoyo del entrenador que me sacó una gran sonrisa, siguió un buen baño de agua caliente, traje de baño, mi gorro con el número 294, mis súper lentes, todo en el bolso y lista. Desayuné pan con mermelada de guayaba y junto a los Tritones no me perdí la bendición y el agua bendita. Luego, a la chalana. Es increíble como 900 nadadores entramos ahí sin sentirnos como sardinas en lata, porque en mente teníamos otra cosa, nos enfrentaríamos al Orinoco-Caroní. 

Llega la salida de las chicas, espero unos segundos y me lanzo. De repente… No vi a nadie conocido alrededor. El impacto visual de no ver absolutamente nada bajo el agua, sólo un espeso color amarillo plano, es lo primero; podía tocar lo que prefiero creer que son piernas o brazos de alguna nadadora (y no algún animal) sin ver nada. El Orinoco te recibe con una corriente tranquila donde es relativamente sencillo enderezar el rumbo, y el primer checkpoint es la Isla de Fajardo. Sin muchos problemas llegué a la Isla y me dije a mi misma “Vamos, ya falta menos" Siempre me gusta pensar en el agua que no puedo saber cuánto he recorrido, pero sí sé que en cada brazada falta menos.

Sentí un cambio de temperatura brusco, el agua mucho más fría, pero podía ver al menos mis manos en cada brazada por debajo del agua. Estaba inmersa en el inmenso Río Caroní. También agrego que los brazos iban en piloto automático, señal que según mis compañeros avisaba que efectivamente ya llevaba bastante nadando… La miopía y el astigmatismo, mezclados con las olas a contracorriente hicieron de las suyas. Era incapaz de ver la llegada y mucho menos la boya verde (una boya que está a 800m de la llegada y que está en el centro de la ruta de navegación) y sólo rezaba que no llegara a toparme de repente con la boya roja (una boya que está hacia el lado donde la corriente es más fuerte y dificulta remontar y que significa prácticamente que no terminarás el recorrido).

Traté de seguir a otros nadadores, pero no es fácil, unos van más rápido, otros más lento... Logré alcanzar a un nadador que por el color del gorro, supe que era un Master C. En pleno río, él sale a acomodarse los lentes y yo, por enésima vez, a buscar un punto de referencia (sólo veía agua), le pregunté por la boya verde y me dijo que estaba a la izquierda, lo cual fue un alivio porque sabía que estaba en el lado correcto de la ruta. Este nadador, quien en pleno río supe que se llamaba Javier, fue mi compañero durante el resto del recorrido, y de vez en cuando nos animábamos mutuamente; la meta de ambos era la misma: CRUZAR. Nunca, nunca pensé en abandonar, tenía que lograrlo, nadie me estaba apurando.

Llegué a la boya verde e incluso la toqué con mis manos ¡Que felicidad! ¡Falta poco y nada de boya roja por ahí! Cuando, finalmente vimos el embudo de llegada en línea recta a unos cuantos cientos de metros, cada quien nadó hasta el final. Les digo que son 3100 metros, pero entre tanto zigzagueo, se convierten como en 4000, aunque nada monótonos… La llegada cada vez más cerca hasta que al fin, ¡Oh, sí, crucé! Pasan mil cosas por la cabeza, una mezcla de euforia por haberlo logrado con el sentimiento de incluso no creérmelo que me hicieron hasta soltar unas cuantas lágrimas de felicidad. Los de Kilómetro 0 me capturaron en la llegada con una sonrisa como las que coloca la gente que se pega el Kino.

Toqué la alfombra de llegada con el chip y luego vi a varios de mis compañeros en la arena y todos contentos de que lo había logrado también. No estaba mareada, no me dolía nada, sólo sé que me sentía sumamente feliz y orgullosa. ¡Crucé! ¡Lo logré!

Familiares y amigos me habían reventado el celular a mensajes y llamadas para saber cómo me había ido. Mi abuela lo que más temía era que “algo” llegara a morderme. A todos mandé un mensaje en masa: “¡¡¡CRUCÉÉÉÉÉÉ!!!”.



La última experiencia del día llega de los dedos de uno de mis mejores amigos y colega José Jesús Alfaro (la Mole).

El Orinoco, el Orinoco… Sin duda uno de los mayores retos que me he propuesto. Este paso a nado significó mi debút en las aguas abiertas, habíamos entrenado muchísimo para ese día, por lo que estábamos preparados tanto física como mentalmente. Pero ningún entrenamiento fue suficiente para la mezcla de emociones que sentí, personalmente antes de la competencia evité pensar demasiado en ella y así controlar los nervios, aún con todo eso hicieron aparición en el momento “corderitos al matadero". Al bajarme de la chalana, sentía inquietud y pensaba en todo lo que me faltaba para llegar a la meta, esto en cierto modo me paralizaba.

Una vez dieron la salida me di cuenta que no me podía ver ni mis propias manos y experimenté el peor de los sentimientos, la soledad en el agua, estaba acostumbrado a siempre nadar con los demás Tritones cerca, siempre los podía ver y ahora no me vía ni mis propias extremidades, allí fue donde llegó la primera prueba del cruce, empezó a pasar por mi cabeza el retirarme, que no iba a poder, faltaba demasiado y cosas por el estilo, pero logré superarlo una brazada tras otra.

El cruce en general fue sencillo hasta la Isla de Fajardo a la cual llegué sorprendentemente rápido, siempre pegado a las boyas amarillas. Al llegar al Caroní la inexperiencia me jugó una mala pasada, viendo que el río estaba “tranquilo” (para lo que había escuchado acerca de su comportamiento) me lancé por el medio, grave error. Como resultado terminé muy cerca de los límites permitidos por lo que un lanchero me gritó “SUBEEEEEEEEEE”, refiriéndose a que nadara hacia arriba, eso fue lo más complicado pues implicaba luchar contra la corriente y tenía dificultades para ver la llegada (yo también me permito darle un aplauso a quien se le ocurrió colocar una pancarta que dijera llegada solo hacia el lado de las gradas, te la comiste).

Un vez vi la pancarta (en blanco) nadé con todas mis fuerzas hacia ella, una vez allí me invadió la emoción, ver a los más experimentados de mis compañeros de equipo  y escuchar que gritaban “Molee” fue lo mejor, me sentía como guaricho un 25 de diciembre. Luego todo es borroso para mí, me quitaron el chip, me dieron el número de llegada y el ticket de refrigerio, no recuerdo nada de eso, estaba casi desmayado. Luego de eso me enteré que me habían tomado una foto en la llegada y aprendí una de las reglas Tritones, fingir que no estás cansado en la llegada por si acaso te toman fotos jajaja.

Y esa es mi historia en esta competencia difícil no sólo físicamente sino mentalmente. Después de llegar pasé todo el día con una sonrisa de oreja a oreja y me sentía grande!! (Como que el amigo no fuese lo suficientemente "grande" jajajajaja lo siento baby, tenía que hacerlo).

Y sí, de acuerdo con nuestras reglas cuando llegas a la meta sin importar lo remamado que estés, posas para la foto y si quieres después te tiras al piso del cansancio, antes no.

Esas son nuestras historias y creo que cualquiera puede sentirse identificado con ellas. Espero con esto activar los engranajes de alguno allá afuera a lanzarse en dirección de un nuevo reto, dentro del agua o fuera de ella y la satisfacción que dejará el haber ayudado a plantar esa semilla no tendrá final. Entonces, ¿qué me dicen? ¿Hacemos historia?

Gracias de nuevo a mis súper colaboradores del día de hoy, los invito a seguirlos por twitter @yaciira y @josejalfaro. 

Hoy cero piscina, la gripe de muerte lenta se ha apoderado de mi vida y el clima no ayuda.


Glosario:

1. "Te la comiste": se trata de una felicitación, un manera de reconocer un buen trabajo.

2. Guaricho: niño.

3. Remamado: superlativo de mamado, muy cansando, agotado, sin fuerzas.

 

Comentarios

  1. Super contento de colaborar con este nuevo proyecto con la firma Tritones. Cuentas con todo mi apoyo.

    Y bueno si, me sentia mas grande jajaja

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